Preguntas frecuentes y consejos

“Estas preguntas frecuentes constituyen un material de referencia complementario, y tienen la única intención de proporcionarle información general al lector. No tienen la finalidad de diagnosticar problemas de salud ni reemplazar la atención médica proporcionada por un profesional. Siempre consulte a su profesional de la salud de cabecera.”

En aquellas situaciones en las que es necesaria la utilización de leches infantiles para la alimentación de los bebés, las que se utilizan con mayor frecuencia son las leches de inicio y las leches de continuación, que reciben también el nombre de preparados infantiles para la alimentación del lactante sano.

Sin embargo, aunque por sus características nutricionales sean las más adecuadas para los bebés, no siempre se pueden utilizar este tipo de productos para la alimentación de los más pequeños de la casa.

En ocasiones, debido a alergias o intolerancias a diferentes nutrientes, o a otros trastornos digestivos, es necesario recurrir a otro tipo de preparados especialmente adaptados para estas situaciones: Las leches especiales.

En referencia a las leches especiales, cabe destacar que la mayor parte de ellas forman parte de los denominados alimentos para usos médicos especiales, por lo que su utilización siempre debe llevarse a cabo bajo la supervisión de un profesional sanitario, como es el caso del pediatra.

Así pues, debe ser el pediatra u otro profesional sanitario quien valore el interés de su utilización y establezca el momento más adecuado para iniciar y finalizar su consumo en la alimentación de los lactantes, los preescolares y los niños de corta edad.

Las leches especiales son fórmulas elaboradas especialmente para aquellos casos en los que se dan problemas o limitaciones en los procesos de absorción, digestión o metabolismo de algunos nutrientes.

Por esta razón, estos productos presentan diferencias en su composición respecto a las leches de inicio y las leches de continuación para lactante sano, con la finalidad de adaptar su formulación a las necesidades del grupo de lactantes a las que van destinadas.

El estreñimiento es la dificultad para evacuar y emitir con normalidad heces. También hablamos de estreñimiento cuando disminuye la frecuencia habitual en las evacuaciones intestinales, y cuando las heces tienen una consistencia más seca y dura, y, por tanto, es más difícil evacuarlas.

Se trata de un síntoma muy frecuente en la infancia, que está directamente relacionado con la alimentación.

Hablamos de estreñimiento cuando hay menos de 3 deposiciones por semana y las heces son duras y difíciles de evacuar. El niño puede experimentar malestar, dolor abdominal y flatulencia, y en los casos más extremos, puede conducir o agravar hemorroides y fisuras anales.

En la mayoría de los casos hablamos de episodios de estreñimiento ocasional.

Si hablamos de lactantes menores de 6 meses, podemos decir que el estreñimiento es poco común. La forma de detectarlo no es tanto por la frecuencia de evacuación, sino por las heces tan características, que tienden a ser duras y generan dolor y molestias al salir.

Los momentos en los que puede haber estreñimiento de manera puntual en el primer año de vida son al pasar de lactancia materna a lactancia artificial, y al comenzar con la alimentación complementaria (AC).

Para tu pequeño puede resultar molesto y hasta doloroso tener ganas de hacer caca y no poder. Eso le afecta mucho a él y a ti te provoca angustia porque no sabes cómo ayudarle. No sufras, el estreñimientosuele ser temporal y puede solucionarse cambiando algunas pautas en su rutina diaria, principalmente en su alimentación, que debe ser rica en fibra y beber mucho líquido, que mejora el tránsito intestinal.

¿Tu pequeño esta irritable, no quiere comer, le duele la zona abdominal y llora cuando intenta hacer caca? Tranquila, no está enfermo, solo está estreñido y es algo que suele afectar con frecuencia a los niños. Por estreñimiento se entiende la falta de evacuación intestinal más de 3 días o hacer las heces duras como bolitas, aunque sean varias veces al día. No sufras porque su ‘mal’ tiene fácil solución. Lo que debes preguntarte es qué se lo ha ocasionado. Pueden ser cambios en su dieta habitual; un bajo consumo de alimentos con fibra; factores hereditarios… Aunque debes consultar con su pediatra cómo abordar la situación, te proporcionamos algunos consejos que te pueden resultar útiles para evitarlo:

En su dieta no deben faltar alimentosricos en fibra

 Beber agua en abundancia y practicar ejercicio ayuda a mejorar y acelerar el metabolismo digestivo de tu bebé.

Los masajes en zona abdominal, siempre en el sentido de las agujas del reloj, también resultan
muy efectivos. Así como flexionarle las piernas hacia el abdomen cuando veas que se está poniendo rojo y no puede hacer caquita.

No optes por los supositorios, ni otro remedio que no te haya recomendado previamente su pediatra.

Y en el caso de que esté tomando alimentos infantiles, consulta con tu pediatra la posibilidad de utilizar leches AE, papillas elaboradas a partir de cereales integrales, o preparados a base de frutas que faciliten el tránsito intestinal.

Las alergias alimentarias se distinguen de las intolerancias en que en las primeras hay una activación del sistema inmunológico que reacciona frente a una sustancia que el organismo no tolera produciendo unos compuestos denominados IgE. En muchas ocasiones, las alergias se diagnostican al encontrar a nivel analítico unos niveles de IgE más elevados de lo habitual. En lo que respecta a las intolerancias de diferentes nutrientes, sus síntomas suelen centrarse en la incapacidad para conseguir una correcta digestión y absorción de los mismos, produciéndose trastornos de tipo digestivo.

En el caso de los bebés y los niños de corta edad, por su especial repercusión en su alimentación diaria de estos grupos de edad, destacan especialmente la alergia a las proteínas de la leche de vaca, la intolerancia a la lactosa y la alergia al gluten, la celiaquía.

La alergia a las proteínas de la leche vaca representa una cuarta parte de los niños afectados de alguna alergia alimentaria, ocupando un tercer lugar después del huevo del pescado. El tratamiento de la alergia a las proteínas de la lechede vaca  se basa en eliminar su presencia en la dieta. Para ello, se utilizan las fórmulas hidrolizadas (fórmulas FH) o las fórmulas a base de proteínas vegetales, como es el caso del arroz o la soja, cuya utilización debe venir indicada por el pediatra.

La intolerancia a la lactosa se caracteriza por dolor abdominal, flatulencia y diarrea, y se relaciona con niveles bajos de la enzima lactasa en el epitelio intestinal. Puede deberse a un daño previo en la mucosa consecuencia de una diarrea de diferente etiología (intolerancia secundaria) o a una deficiencia congénita (desde el nacimiento) de la enzima (intolerancia primaria).

Para la intolerancia a la lactosa, pueden utilizarse las fórmulas sin lactosa, en las cuales los hidratos de carbono están constituidos por dextrinomaltosa o polímeros de glucosa, de mejor absorción.

El gluten es una mezcla de proteínas (las prolaminas y las gluteninas) que se encuentran en algunos cereales, tales como el trigo, la cebada y el centeno.

No todas las personas pueden aceptarlo pues uno de cada mil niños aproximadamente no tolera bien el gluten. Esta intolerancia se conoce bajo el nombre de enfermedad celíaca o celiaquía y sus manifestaciones son diferentes dependiendo de la edad de aparición y del grado de intolerancia a la proteína.

El tratamiento de la celiaquía se basa en la exclusión total de gluten de la dieta a lo largo de toda su vida, ya que la intolerancia al gluten en las personas celíacas es permanente. En el caso de las papillas por cereales, por ejemplo, se utilizan las elaboradas con arroz y/o maíz, cereales que no contienen gluten en su composición.

El gluten es una mezcla de proteínas (las prolaminas y las gluteninas) que se encuentran en algunos cereales, tales como el trigo, la cebada y el centeno.

No todas las personas pueden aceptarlo pues uno de cada mil niños aproximadamente no tolera bien el gluten. Esta intolerancia se conoce bajo el nombre de enfermedad celíaca o celiaquía y sus manifestaciones son diferentes dependiendo de la edad de aparición y del grado de intolerancia a la proteína.

El tratamiento de la celiaquía se basa en la exclusión total de gluten de la dieta a lo largo de toda su vida, ya que la intolerancia al gluten en las personas celíacas es permanente. En el caso de las papillas por cereales, por ejemplo, se utilizan las elaboradas con arroz y/o maíz, cereales que no contienen gluten en su composición.

A partir de laintroducción del gluten en la alimentación de los bebés, rápidamente quedarán identificados los lactantes que toleran este compuesto, y aquellos que son alérgicos al mismo y por tanto padecen la denominada celiaquía o enfermedad celiaca.

La celiaquía es una enfermedad crónica, es decir para toda la vida, y su único tratamiento es llevar una dieta sin gluten, es decir, libre de los cereales que los contienen, como es el caso del trigo, la cebada, la avena y el centeno.

La dieta sin gluten debe ser estricta pues pequeñas cantidades del mismo pueden producir la aparición de la intolerancia. La sintomatología depende de la edad de aparición y sobre todo del grado de sensibilidad. En general, los síntomas más frecuentes se presentan a nivel digestivo ya que puede dañarse la mucosa intestinal y dar lugar a diarreas, abdomen hinchado vómitos y en muchos casos pérdida de peso. También pueden tener lugar muchos otros síntomas que van del retraso en el crecimiento a la fatiga o erupciones en la piel.

Aunque son importantes los antecedentes familiares, no es una enfermedad hereditaria. Puede haber niños sin intolerancia teniendo la enfermedad alguno e incluso, los dos padres, pero no podemos descartarla en niños cuyos padres o hermanos no la padezcan.

A nivel práctico, pueden ser de utilidad los siguientes consejos:

Hay que ser cuidadoso en la cocina: Reservar un espacio exclusivo para los productos sin gluten para evitar equivocaciones con los alimentos del resto de la familia, y utilizar diferentes utensilios para la preparación y reparto de los alimentos.

No se debe olvidar leer atentamente las etiquetas de los alimentos, pero también de los medicamentos… para comprobar que no contengan  gluten. Hay que tener especial precaución con los alimentos sin etiquetar o muy elaborados, y en aquellas ocasiones en las que se come fuera de casa (guardería, colegio, casa de amigos, restaurantes…) pues muchos preparados pueden contener algún ingrediente con gluten para mejorar el sabor o la textura del plato (desde las harinas en las salsas hasta los almidones en las patatas fritas congeladas). Por esta razón, en el caso de los niños es importante que en colegios, guarderías… conozcan si requieren una dieta sin gluten y, ante cualquier duda, preguntar por la elaboración de los alimentos.

Resulta muy útil ponerse en contacto con las Asociaciones de Celiacos de la zona. Cuentan con listados de productos libres de gluten, disponen de recetas y direcciones de restaurantes con menús sin gluten, y ofrecen la posibilidad de intercambiar consejos prácticos con otras personas que deben seguir una alimentación similar.

En los lactantes alimentados con lactancia materna, las grasas proporcionan entre un 40 y un 50% de la energía que el bebé necesita para el mantenimiento de las funciones vitales y para el adecuado incremento de su peso y de su talla.

Pero en la alimentación infantil no sólo es esencial la cantidad de grasa que los alimentos aportan, sino también la calidad de la misma. Es decir, lo que conocemos y denominamos como el perfil lipídico de un alimento.

En el caso de las leches infantiles, para conseguir la máxima calidad lipídica se intenta reproducir al máximo la composición de la grasa de la leche de mujer, es decir, conocer los ácidos grasos que la componen y su estructura.

Además de compuestos tan importantes como el DHA o el ácido araquidónico, cabe destacar que la fracción grasa de la leche materna es fácilmente digerida y absorbida por el bebé debido a su elevado contenido en ácido palmítico en posición beta (ß), también denominado β-palmitato.

El ß-palmitato es un compuesto de gran interés ya que en la leche materna, además de ayudar a aumentar el aprovechamiento de las grasas, se considera que facilita también la absorción del calcio y del magnesio e influye en la frecuencia y consistencia de las deposiciones.

No olvidemos la importancia de la grasa como fuente de energía que permite el correcto crecimiento y desarrollo del lactante y la importancia del calcio en la mineralización ósea y en la formación de las piezas dentales.

Gracias a su contenido en ß-palmitato las deposiciones de los lactantes alimentados a pecho son suaves y frecuentes, y la leche materna presenta para un bebé una excelente tolerancia y digestibilidad.

En el caso de las leches infantiles, para alcanzar un elevado valor nutricional, es fundamental que su composición facilite que la digestión y absorción de la grasa sean lo más parecidas posible a las de la leche materna. Una de las opciones para lograrlo es enriquecer las leches infantiles con β-palmitato.

Al enriquecer las leches infantiles con β-palmitato se consigue que su estructura se aproxime a la de la leche materna, que la digestibilidad de la grasa, del calcio y del magnesio también sea más parecida y, como consecuencia, que las deposiciones de los lactantes se asemejen más a las de los bebés alimentados al pecho.

Los frutooligosacáridos son compuestos cuyo consumo aporta numerosas ventajas al organismo: favorece el crecimiento de las bífidobacterias y lactobacilos presentes en el intestino, estimula la actuación de las defensas naturales de nuestro cuerpo, estimula el tránsito intestinal, y disminuye la posibilidad de aparición de trastornos digestivos.

Los fructooligosacáridos (FOS) son un tipo de fibra soluble, oligosacáridos naturales cuya estructura está formada por moléculas de glucosa y fructosa que se encuentran presentes en muchas frutas y vegetales como el plátano, la cebolla, los ajos, los espárragos, la achicoria, las alcachofas, etc.

El organismo no es capaz de digerir estos compuestos ni de asimilarlos, sin embargo pueden ser utilizados como sustrato energético por las bacterias del intestino grueso, en particular por las del género Bifidobacterium. De esta forma, los FOS favorecen el crecimiento y renovación de los colonocitos, lo cual se considera de interés.

Estudios sobre los FOS

Se han realizado múltiples estudios sobre los efectos fisiológicos de los FOS en diferentes etapas de la vida. En general, su consumo se asocia a su capacidad para modificar la composición de la microflora del colon favoreciendo:

  • La estimulación de la función inmunológica al favorecer el crecimiento de la flora considerada beneficiosa e inhibir el de bacterias consideradas de riesgo, como es el caso de E. coli.
  • La reducción de molestias digestivas como el exceso de gases o el tránsito intestinal irregular.
  • La absorción de diversos minerales como el calcio o el magnesio.
  • El riesgo de alteraciones de la salud relacionadas con un tránsito intestinal lento y el contacto con la mucosa intestinal de sustancias tóxicas y nocivas para la salud.

En lo que respecta a la población infantil, los FOS presentan una estructura química similar a la de los oligosacáridos presentes en la lactancia materna, por lo que se considera que su adición a los alimentos infantiles puede aportarles efectos similares a los que los oligosacáridos presentan en la leche de mujer.

La palabra “keto” viene de la palabra inglesa “ketosis” (cetosis), y se refiere al hecho de que la cetosis causa la producción de pequeñas moléculas de energía que se llaman “cetonas”.

1 Son una fuente alternativa de energía para el cuerpo que se utilizan cuando hay una provisión reducida de azúcar sanguínea (glucosa).

Las cetonas se producen si comes muy pocos carbohidratos (los cuales se descomponen en azúcar sanguínea) y solo cantidades moderadas de proteína (un exceso de proteína también se puede convertir en azúcar sanguínea).

Las cetonas se producen en el hígado a partir de la grasa. Después, se utilizan como energía por todo el cuerpo, incluyendo el cerebro. Es importante porque el cerebro es un órgano que consume muchísima energía todos los días.

En una dieta cetogénica, todo tu cuerpo cambia su provisión de energía para funcionar casi exclusivamente con grasa. Los niveles de insulina se reducen y la quema de grasa aumenta drásticamente

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